«Oído paciente, mirada noble, piernas incansables, lengua exquisita y gran corazón: Emilio Gancedo reúne los cinco sentidos del buen cronista». —Paco Cerdà.
El 31 de diciembre de 1987 se cerraba la presa del embalse leonés de Riaño, el más grande de la cuenca del Duero y uno de los más imponentes de cuantos se han construido en España. También uno de los más polémicos y contestados por la ciudadanía. Tanto, que el desalojo y destrucción completa de la villa de Riaño y de los seis pueblos que conformaban esta histórica comarca ubicada a los pies de los Picos de Europa provocaron una desigual y compleja batalla entre vecinos y activistas y efectivos de la Guardia Civil, cuyas brutales imágenes se difundieron por toda Europa. Reporteros y fotógrafos de medios de comunicación suecos, franceses y alemanes se desplazaron a la vertiente sur de la cordillera Cantábrica para retratar de primera mano la demolición de un conjunto de aldeas hermosísimas, dado que aquellos hechos se parecían mucho más a un auténtico episodio bélico que a la mera construcción de una beneficiosa obra estatal.