En El cochero, Selma Lagerlöf teje una profunda narrativa que explora la intersección entre la fe, la moralidad y el crecimiento personal en el contexto de la Suecia de principios del siglo xx. La novela está impregnada de la prosa lírica característica de Lagerlöf, que fusiona a la perfección el realismo con un espíritu místico. Recurriendo hábilmente al rico folclore sueco, Lagerlöf profundiza en las complejidades del espíritu humano, reflexionando sobre los dilemas existenciales que enfrentan sus personajes al recorrer sus propios paisajes morales, todo ello haciéndose eco de las influyentes corrientes literarias de la época, como el modernismo y el simbolismo, que desafiaron y redefinieron las formas narrativas y los temas relacionados con la conciencia y el tejido moral de la sociedad.