Un soplo de vida refleja una de las experiencias más radicales del lenguaje literario, que lleva al límite las posibilidades del discurso.
Poco antes de su muerte, Clarice Lispector escribió un texto en el que condensó muchas de sus reflexiones sobre la literatura y la vida. Un soplo de vida puede leerse como su última indagación literaria y, quizá, como la más profunda meditación sobre el acto de escribir y sus múltiples ramificaciones. Concebida como un diálogo de tono casi místico entre un autor trasunto de la propia Lispector y su creación, una mujer llamada Ángela Pralini, la obra da cuenta de la fascinación que implica crear personajes y mundos. Tras el fallecimiento de Lispector, su secretaria y gran amiga Olga Borelli dio forma a los fragmentos que componen este texto metaliterario: una obra póstuma que ilumina de manera singular la trayectoria de la autora.