Esta obra reúne tramas que celebran los nacimientos entre ruinas verticales. El poeta propone cantos aprendidos ante esa floresta caída que incita la pizca de la palabra con la respiración, su ars poética rezuma movimiento. Muestra sus hallazgos de imágenes contiguas a través de las maravillas dentro del pantano herido. Ofrece fugas, coros y estribillos con su balsa-voz interpelando el uso común de la lengua materna para gestar danzas con variaciones rítmicas. Libera un vaivén anfibio que desemboca en síntesis disyuntiva, delta fluvial sin retorno de lo mismo. Así, nos advierte sobre el gesto adyacente al cuerpo textual cuando la lengua se tuerce o los oídos se divierten y una novedad polinizada adviene con su línea sinuosa. Brota, sin dueño, con sus pasitos curvos.
Pamela González