La ambición de volar, el viejo sueño del hombre, empezaba a cobrar realidad a principios del siglo xix. Y Julio Verne, incansable viajero literario, embarcó en el globo aerostático Victoria al doctor Samuel Fergusson, junto con su amigo Dick Kennedy y su criado Joe Wilson, en un complejo y fantasioso viaje rico en peripecias, sentimientos y pasiones, por los cielos de África, desde la isla de Zanzíbar a la costa del Senegal. Su objetico: encontrar las fuentes del Nilo. Y el del autor, una vez más, mostrarnos la certeza de que la imaginación es el medio de transporte más fiable. «Con curiosidad técnica, entusiasmo sincero y una fe conmovedora», en palabras de Arturo Pérez-Reverte, porque «la ciencia no era sólo un manual de hallazgos y soluciones, sino también una nobilísima excusa para la aventura».
En definitiva, este Cinco semanas en globo nos regala un mundo nuevo, una visión nueva del mismo; casi podríamos decir que es un nuevo género narrativo.
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