«En los libros de Gilda Holst hay un personaje recurrente: una mujer tímida que de repente se atreve a intervenir en una situación o en una conversación y termina por incomodar al resto. Es uno de los temas más presentes en su obra: mujeres en una situación difícil, frágil incluso, que de pronto deciden desestabilizar, perturbar, contraatacar. [...] Su narrativa construye una imagen entre arrogante y paranoica de aquella burguesía ecuatoriana cuya aparente estabilidad se quiebra ante el menor desajuste. Empleadas domésticas, porteros, mendigos: todos son sujetos desconfiables que, desde su mirada subordinada y desafiante, atentan contra un mundo de seguridades y privilegios». Carlos Burgos Jara