El nuevo libro de María Álvarez (Soria, 1989), Todavía respiro, refleja el camino hacia una reconstrucción personal. Un poemario profundamente íntimo que aborda la violencia emocional, la caída, la depresión, el duelo, pero también la búsqueda de la luz y la esperanza. Poemas repletos de imágenes y de emociones escarnadas que oscilan entre la vulnerabilidad y la fuerza de quien lucha por sobrevivir; huellas de una travesía sin mapas donde la fragilidad, la tristeza y la rabia se expresan sin filtros. Un canto a la resistencia silenciosa: un recordatorio de que, a pesar de todo, todavía respiramos.
«Soy una flor regada con lágrimas, / una flor nacida de la piel muerta, / una flor que a ratos se
marchita / y lucha contra la nieve que intenta aplastarla, / contra las pisadas que recorren el asfalto, /
contra el calor del sol abrasador de verano. // No soy de esas flores que adornan los ramos, / cuya
belleza irreal las hace parecer artificiales, / soy una flor silvestre, / crecida en las grietas del cemento. //
Me miras y dudas, / no sabes bien qué soy, pero sigo aquí / y florezco».