• Hambre

    Vázquez-Figueroa, Alberto B DE BOLSILLO Ref. 9788490705278 Ver otros productos del mismo autor
    «Por fin he escrito mi novela más importante.» Alberto Vázquez-Figueroa Un valiente alegato contra la pobreza, el hambre y la injusticia. Ochocientos cuarenta y dos millones de personas en el mundo no tienen suficiente para comer. La desnutrición mata a más de dos millones y medio de niños cada año....
    Dimensiones: 190 x 126 x 19 mm Peso: 250 gr
    Temporalmente sin existencias
    8,95 € 8,06 € 10%
  • Descripción

    • ISBN : 978-84-9070-527-8
    • Encuadernación : Rustica
    • Fecha edición : 01/04/2018
    • Año edición : 2018
    • Autores : Vázquez-Figueroa, Alberto
    • Nº páginas : 328

    «Por fin he escrito mi novela más importante.» Alberto Vázquez-Figueroa

    Un valiente alegato contra la pobreza, el hambre y la injusticia.

    Ochocientos cuarenta y dos millones de personas en el mundo no tienen suficiente para comer. La desnutrición mata a más de dos millones y medio de niños cada año. Sesenta y seis millones de niños van todos los días con hambre a la escuela.

    Alberto Vázquez-Figueroa pone el foco en el mayor problema de la humanidad, el hambre, en esta novela extraordinaria que es un valiente alegato contra la injusticia, la pobreza y las indignantes desigualdades que toleramos a diario.

    Los personajes que conquistaron a miles de lectores en su best seller Medusa vuelven a desfilar por las páginas de Hambre , cuya acción transcurre entre la indiferencia de los países occidentales y la desesperada miseria del África subsahariana.

    Nota de Alberto Vázquez-Figueroa:
    «No sé si esta será mi mejor o mi peor novela, pero es la única que debería haber publicado porque gran parte de mi vida la dediqué a escribir sobre el tráfico de esclavos, la explotación infantil o el hambre que mata a millones de niños africanos, pero nunca comprendí que muchas de esas muertes podrían haberse evitado.

    En regiones arrasadas por devastadoras sequias aterrizan aviones cargados de arroz, maíz, harina o lentejas, alimentos cuyos destinatarios jamás podrán digerir si carecen de agua. Lo que se consigue no es disminuir el problema sino multiplicarlo: pero cuando yo estaba en África no me daba cuenta.

    Cuando llegue al desierto tenía doce años, y me avergüenza haber tardado sesenta y cinco en comprender que resulta posible alimentar a esos millones de hambrientos con mucho menos esfuerzo y un poco más de sentido común. No es cuestión de hacer milagros, sino de utilizar unos medios que la naturaleza ha puesto a nuestro alcance y que están deseando ser aprovechados.»

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